Gracias a las impagables gestiones de mis hermanos Enrique y Benito, puedo anunciar ya las próximas presentaciones de EL SURCO ES EL ALMA DEL VINILO. En dos locales muy distintos.
GANDIA: viernes 10 de abril, 20 horas en un clásico gandiense, fundado en los años 20 del siglo pasado: FOMENTO (Foment d'Agricultura Industria i Comerç), en calle Sant Francesc de Borja, 3. Por cierto que el protagonista de uno de los relatos, mi tío y padrino, Rafael Orihuel Gasque, el entrañable tío Rafa, frecuentaba mucho este emblemático lugar.
VALENCIA: viernes, 24 de abril, 20:15 horas en una sala de conciertos, donde poco después actuará un grupo muy sixties (Brighton 64). Será un gustazo hablar de este libro tan musical encima de un escenario donde poco después sonará la música, entre baffles, guitarras, cables y demás. ¿La sala? LOCO CLUB, en calle Erudito Orellana, 12, (a 100 m. de Gran Via Fernando el Católico).
Y para esta presentación contaremos con la presencia del responsable de la buena edición de este libro que muchos ya tienen en sus manos: Alberto Trinidad, director de Ediciones Oblicuas.
La música es el idioma universal por excelencia, es el medio de
comunicación a través de los sonidos, y como todo idioma se lee, se
escribe y se habla. La historia de la literatura está plagada de libros
sobre música y la música, invariablemente, se nutre de historias y de
poesías, lo cual, inconscientemente, sitúa a cada disciplina en espacios
distintos: se escribe de o para la música desde un ámbito de creación concreto.
Sin embargo, son pocos quienes atraviesan ese determinismo y son
capaces de situar a ambas disciplinas en un mismo plano de creación:
escribo con música y esa relación dialéctica determina mi forma
de escritura, algo así como un artefacto que funciona como una máquina
de producir sensaciones diversas. Para que Ud. entienda de lo que estoy
hablando, realice el siguiente experimento: observe detenidamente y en
silencio una foto de su infancia y a continuación (deje pasar dos horas)
haga lo mismo pero con un disco de Ala Voronkova interpretando a Chaikovski sonando de fondo: el
efecto de la foto se potenciará y junto al recuerdo experimentará, tal
vez, felicidad, nostalgia, tristeza o alegría o todas esas sensaciones
al mismo tiempo. Sí, no es nuevo: la música es un potenciador increíble.
Lo que sí es nuevo, o cuanto menos imposible, es escribir con tinta
de música, es decir que cada línea de cada historia rezuma el ritmo y la
precisión de un acorde y que además, ese acorde, nos meta en la cabeza a
Dylan, a los Rolling Stones, a Rapahel, a King Crimson y a tantos más. Eso es exactamente lo que se experimenta al leer El surco es el alma del vinilo del experimentado y multipremiado Rafael Orihuel, un prodigio de la literatura que se sucede a lo largo de cada uno de los siete cuentos del libro.
El surco es el alma del vinilo
es, como dije, una colección de relatos pero a la vez un homenaje al
disco de vinilo, y a esa forma de la memoria que representa la música.
Tal es así que los textos se organizan como en un LP: siete narraciones en total, cuatro en la cara A y tres en la B.
Y en este sentido, cada cuento alude a una canción en concreto, de
forma que la música actúa transversalmente, como un soplo en el oído a
través de las historias que aparecen enmarcadas en distintas formas y
ámbitos: en vivo sobre un escenario, escuchada a través de los
auriculares por una enfermera en la sala de urgencias de un hospital
mientras agoniza una estrella del rock olvidada; hurgando en la memoria
al toparse en una encantadora librería inglesa con el batería de los
Stones adquiriendo un libro de floricultura; atronando a altas horas de
la madrugada desde el piso de arriba donde intentan tranquilizar con
Raphael a un niño deficiente; transitando entre el lento y el rápido en
una pista de baile, sonando solemne y cadenciosa en una ceremonia
fúnebre; susurrando emociones y planteando preguntas vitales.
Las siete historias componen un crisol permanente, un eco de silencio
en medio del grito y la música, puesto que, de alguna forma, todos las
historias hablan de las distintas formas de soledad que son una y
siempre están, aunque nos esforcemos, en el centro de nuestra cabeza
para recordarnos que la música es la mejor compañía del hombre. Lo
dicho: una máquina perfecta destinada a convertirse en un
clásico que como aquella foto de nuestra infancia es capaz de
movilizarnos profundamente, mientras suena un vinillo olvidado al compás
de una historia llena de música.
[Reseña de EL SURCO ES EL ALMA DEL VINILO publicada en Falsaria, 23 de marzo de 2015]
El veterano semanario Canfali Marina Alta se ha hecho eco de la presentación en el For Amur.
Juanjo Sánchez, alma mater de este gastro-bar dianense, presentando al autor, bajo el precioso mural que da ese toque bohemio al local de la calle Foramur, bajo el castillo.
Y aquí el video que ha montado Luis Martínez, con el Ruby Tuesday (que da nombre a uno de los relatos del libro) de los Stones como introducción:
Aparte de la versión en papel que encontrarás en tu librería favorita, ya está disponible en las principales librerías on-line la versión E-Book (formato epub) de EL SURCO ES EL ALMA DEL VINILO
Ah, y si quieres oír la música que se homenajea a lo largo del libro, ahora, aparte de la playlist en SPOTIFY, puedes escuchar en GROOVESHARKuna selección de 73 canciones de los años 60: The Kinks, Bob Dylan, Rolling Stones, Small Faces, The Who, Cat Stevens, The Beach Boys, Traffic, The Troggs, Spencer Davis Group, The Hollies, etc.
El pasado viernes 30 de enero Alberto Trinidad (Ediciones Oblicuas) y un servidor presentamos el libro. El galliner de l'Antiquari resultó al final pequeño y los asistentes siguieron el acto con mucha atención. Tomamos una copa de cava, firmé ejemplares del libro -los ejemplares destinados a la presentación se agotaron- y encontramos una muy buena acogida a esta obra que ahora inicia su ardua andadura para llegar a sus potenciales lectores. Creo que no se puede pedir más. Gracias a todos los que estuvisteis presentes y a los que no estuvisteis pero habéis manifestado interés en leer el libro. Como dije el viernes ahora el libro ya no es del autor, sino de sus lectores.
Dejo aquí un video, filmado por mi amigo Mariano García Gregorio y algunas imágenes captadas por otros de mis happy few.
Ediciones Oblicuas tiene el placer de invitarles a la presentación de EL SURCO ES EL ALMA DEL VINILO, la nueva antología de relatos del multipremiado escritor Rafael Orihuel. El acto tendrá lugar el viernes 30 de enero a las 19.30h en El Galliner de l'Antiquari (C/ de Santa Anna, 3) en Tarragona, y contará con la presencia del editor, Alberto Trinidad,y del propio autor, que se prestará a la habitual firma de ejemplares.
El surco es el alma del vinilo
es una recopilación de relatos cuyo nexo de unión es el mundo de la
música en su más amplia expresión. Un sentido homenaje tanto a los
grupos y solistas como a los fans, a los dueños de tiendas de discos y
al objeto en sí de reproducción, el vinilo.
Pero,
además de eso, estos relatos son un excelente ejercicio narrativo que
convierte la memoria de unos personajes arrebatadores en pequeñas joyas
literarias. Con un estilo que nos recuerda a Roberto Bolaño por su
habilidad a la hora de integrar diferentes biografías en narraciones
apasionantes, Rafael Orihuel nos seduce desde la primera página, tanto
como lo hace nuestro disco favorito una vez posamos la intangible aguja
de diamante sobre el surco adecuado.
1. Autumn
Almanac. The Kinks,1967. Esta canción podría resumir mi infancia.
El 31 de octubre de 2010 se cumplieron mis sueños: se la oí
cantar, casi con lágrimas en los ojos, a Ray Davies, líder del
grupo, en el mítico Olympia de París.
2. Devil
in the heart. The Beatles, 1963.¿Pero qué provocación
es esta de poner en el nº 2 una de las escasas canciones de los
Beatles que no escribieron ellos? Pues sí, este tema de un tal
Richard P. Drapkin, cantado por Harrison (sostengo que su voz es la
voz beatle por excelencia), representa para mí la quintaesencia de
su sonido de la primera época, qué se le va a hacer.
3. Sad
eyed lady of the lowlands. Bob Dylan, 1966. Definitivamente mi
Dylan es el intimista. Este largo tema del Blonde on Blonde, que
jamás toca en concierto, me cautivó desde que lo oí por primera
vez.
4. Friday
on my mind. The Easybeats, 1966. Otro de ese año glorioso sin el
que no se entendería la música de los últimos cincuenta años. En
casa lo conocíamos por su nombre en español, El viernes de mi
recuerdo, en aquella época los títulos solían publicarse
traducidos. Una canción pop perfecta, enérgica, con ese estribillo
que es todo un programa de vida: Monday
I have Friday on my mind.
5. See
Emily Play. Pink Floyd, 1967. Sin menospreciar, solo faltaría,
épocas posteriores, sigo prefiriendo a los Pink Floyd de Syd
Barrett, antes de que se echara a perder por las drogas. Hay un
especial dramatismo en este tema. Con ese Emily
tries but
misunderstands,
ah ooh... la canción te
atrapa desde el primer instante y no te deja marchar.
6. Miracles.
Jefferson Starship, 1975. La reencarnación setentera de los
Jefferson Airplane incluyó este tema en su Red Octopus. Una canción
hipnótica, densa, con esos exquisitos contrapuntos vocales de Marty
Balin y Grace Slick.
7.And
your bird can sing. The Beatles, 1966. Sí, no puedo permitir que el
segundo tema de los Beatles (esta vez sí, firmado por el dúo
Lennon/McCartney, aunque es un claro Lennon) quedara más abajo,
sería falsear miserablemente la realidad. Y sí, mi disco Beatle
favorito es Revolver. Ah, ese impagable riff de guitarra.
CARA 2
1. Ashes
to ashes. David Bowie, 1980. Podía haber escogido muchos otros,
pero Ashes to ashes me parece de una perfección sublime. ¿Volverá
Bowie algún día? Es tan inquietante su silencio.
2. Gimme
shelter. The Rolling Stones, 1969. Por no repetirme con Ruby
Tuesday, escojo este del Let it bleed, título que se decía
parodiaba el Let it be de los Beatles. No deberían haber
sobrevivido a los de Liverpool, como muy tarde tendrían que haberse
disuelto en el 74, pero claro, los Stones ya no son un grupo: son
una marca.
3. Do
it again, The Beach Boys, 1968. Pura simplicidad comparado con esos
monumentos sonoros del Pet Sounds y del Smile. Una joyita.
4. A
baby for Pree, Neutral Milk Hotel, 1996. Una especie de nana
surrealista de menos de dos minutos, cantada por Jeff Mangum, el
genio huidizo de estos fugaces santones de la primera oleada indie.
Mangum me recuerda a Barrett: ese dramatismo, esas canciones que no
se sabe de dónde vienen.
5. Goldie
Hawn, Butan Variations, 2007. Lo sé, no los conoce nadie salvo los
happy
few,
pero gracias a Internet llegó a mis oídos y desde entonces residen
en mi particular Olimpo. Ya ni siquiera existen, pero sus sucesores,
Hollands, han rescatado este tema, bien asentado en sus raíces
sesenteras.
6. Old
man. Love, 1967. Es muy difícil escoger un tema en esa obra maestra
que es Forever Changes. Pura delicadeza, un hippismo hondo,
conmovedor y preciosista el de Arthur Lee y sus chicos. Lo compré
en cassette en el 79 o el 80, lo llevaba en el coche y una noche me
robaron las cintas. Dos semanas más tarde recuperé algunas en el
rastro de Valencia, en la plaza de Nápoles y Sicilia. Tuve que
pagar por lo que era mío: mire lo que pone ahí, le dije a la
gitana mostrándole mi nombre escrito en la carátula.
7. Stephanie
says, The Velvet Underground, 1968. El tema no se publicó en vida
de la Velvet, sino en el recopilatorio VU, de 1985. Yo lo compré,
en vinilo, en Discos Medicinales de Castellón, hace tres o cuatro
años, y sigo sin entender cómo un tema como este, y unos cuantos
más de ese disco pudieron quedarse inéditos hasta el 85. It's
so cold in Alaska...
Clicando en el siguiente enlace podréis escuchar via SPOTIFY mucha de la música que se menciona en el libro (34 canciones, más de dos horas de vitamina vinílica). Lamentablemente no está todo en Spotify, y algunas ausencias me duelen especialmente. Espero que lo disfrutéis: